
I
Se respira el verano,
con sus parques llenos
de gente,
alegría, juegos interminables,
deseos que bullen,
deseos que bullen,
entre el tintineo de los hielos
de un tinto de verano,
efervescentes, las miradas queman.
Ropas livianas marcan las curvas,
sinuosas descienden, peligrosamente,
haciendo difícil la conducción,
de los instintos más primarios.
Hierve la sangre,
no es fácil resistirse a los íntimos
latidos
que marcan una larga abstinencia,
cuerpo joven, todavía fogoso.
Los días pasan lentos
y los sueños se desbocan,
pero la realidad los aplasta
haciendo más difícil,
la contención y la espera.
¿Se puede desligar el cuerpo del
alma?
¿El verdadero amor, de los instintos
carnales?
Quizás se puedan conjugar en
uno.
Entre los devaneos de la mente,
los deseos de alma.
II
Dulce espejismo fue tu mirada,
un oasis fresco y limpio
donde pude soñar una vida junto a ti,
ensueño breve,
roce que en su intensidad,
provocó incendios.
Cae la noche y perdida me siento,
me quedé con la miel en los labios,
pero solo puede haber una abeja reina
en la colmena,
y las obreras vuelven a sus rutinas,
intentando construir, un mundo más
justo.
La naturaleza sigue su curso,
lo que esté llamado a Ser, será,
aunque hoy,
no estabas tú,
junto a mí.

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