I
Rueda, en calle estrecha
dejándose llevar por la pendiente,
rápida, la balancea el viento,
en una doble dirección.
Cruje, a su contacto,
tal vez llegue a deshacerse
por la fuerza de sus embites,
proyectada ahora, hacia delante.
El viento la eleva,
va subiendo hacia el cielo,
la luz del anochecer la transforma en luciérnaga,
hoja azulada, ahora convertida en estrella.
Flota, acariciada por las nubes,
esponjosa, descansa entre algodones
y el viento ahora,
la transforma en mariposa.
Sube,
vuela alto, convertida en lo que quieras,
moldea a tu antojo tus sueños
y extiende tu fragancia, por el mundo.
II
Cae la noche,
el aire se impregna del perfume sutil
que destilan esos fragmentos de hojas,
como suave inspiración de todos los que miramos al cielo,
en busca de respuestas,
como pálpitos lejanos de un Universo desconocido,
pero lleno de luz.


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