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miércoles, 25 de febrero de 2015

EL DESTINO ES UNA PLUMA ROSA



Salimos aquella noche mi primo Javi y yo, queríamos vivir el embrujo de la noche sevillana.
Compartimos unas cervezas Cruzcampo y unos vinitos, en los locales de moda.
A pesar del frío las calles estaban llenas de jóvenes como nosotros, desgranando las horas de una noche mágica llena de luz.
Decidimos en mitad de la velada, regalarnos los sentidos con un buen tapeo, fuimos a un restaurante de diseño famoso por su comida de vanguardia.
Nos ubicaron en una pequeña mesa  con decoración andalusí y una velita en el centro.
Elegimos varios platillos con nombres muy sugerentes.
Mientras esperábamos la comida, escuchamos una gran algarabía de risas femeninas, era un grupo de mujeres todas vestidas de negro, con minifaldas, pantalones cortísimos, vestidos ajustados y altos tacones, con unas vaporosas boas de plumas rosas.
Una de ellas llevaba una gran flor blanca en el ojal.
Celebraban una despedida de soltera.
-Mira una futura divorciada-dijo mi primo entre risas.
-Que malo eres -contesté, dirigiendo al grupo una mirada maliciosa.
-Bienvenida al club de los divorciados- dije alzando mi copa mientras la miraba.
Ella sonrió inocente y levantó también su copa.
Cuando nos trajeron la comida,  dejamos de hablar y nos deleitamos con una exquisita comida gourmet.
Diferentes tipos de queso fundido, salmón con cebolla caramelizada que se deshacía en la boca, paté con mermelada de frambuesas, todo ello regado con un Rioja reserva.
Las chicas de la despedida seguían riendo, con la mesa repleta de voluptuosos dulces, rellenos de miel y canela.
Los labios humedecidos, ojos brillantes de excitación dionisíaca y la promesa de una noche llena de placeres.
Cuando Javi y yo ya íbamos por la segunda ronda, las chicas se fueron, dejando a su paso  un reguero de plumas rosas y unas mesas llenas de bocaditos de gloria y chispeante Lambrusco.
Estuvimos tentados de aprovechar tal derroche de delicias, pero la rápida mano del camarero, retiró los restos de lo que sería un disfrute para los sentidos, quizás para disfrutarlas él, en solitario.
Tras rebañar el último plato, salimos a celebrar la vida con unos Bacardís Reserva.
El rastro de las chicas podía verse por un camino sembrado de plumas rosadas y un halo de intenso perfume.
Llegamos a un local muy caldeado, en el que se lanzaban ardientes miradas como saetas certeras, directas a lugares políticamente incorrectos.
Una foto de un adonis semi desnudo apoyado graciosamente sobre una bicicleta, presidía el bar de copas.
Se celebraba un cumpleaños, jóvenes de cuida cuidada estética y ojos juguetones, llenaban una sala saturada de hormonas.
Barbitas recortadas, pelos engominados, pantalones vaqueros, fulares que caían con gracia sobre camisas pulcramente planchadas, mostraban una uniformidad falsamente descuidada, donde no había ni un solo detalle fuera de su sitio.
Celebramos la vida de nuevo, brindando ahora por el amor.
Después cambiando de ambiente, nos dirigimos a la zona sin ley, donde todavía se fuma en los bares y el rock duro se mezcla con una atmósfera irreal, entre los vaivenes de los que esa noche han perdido el norte y bogan entre mares de alcohol.
Tras el sahumerio forzoso salimos a la calle, pero no encontrábamos el coche.
Mi primo me dejó esperando cerca de una plaza, mientras él  lo buscaba.
Todo ocurrió muy deprisa, me metieron en un coche y ya no recuerdo nada.
Aparecí en Carmona la mañana siguiente con todas mis pertenencias, no me habían robado nada.
Había una gitana a mi lado que con una ramita de laurel, me tomó la mano y me echó la buenaventura.
-Tú serás la próxima en casarte- me dijo.
Un escalofrío recorrió mi espina dorsal, era lo que más temía.
Y dicho esto, una pluma rosa resbaló de su mano cerrada.


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