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viernes, 7 de noviembre de 2014

VACACIONES EN GANDÍA

















De vuelta a la niñez,
un libro abierto en la última página,
después de un desayuno tardío.

Experimento con intensidad su final,
que me lleva al recuerdo feliz, nostálgico,
de otras vacaciones en la playa.

 Nosotros, todos juntos, bajo una sombrilla anaranjada,
y sillitas plegables, siempre ocupadas por ávidos lectores,
que nos vigilan amorosamente, mientras jugamos en la orilla.

Castillos de arena, volátiles, efímeros,
que el mar va cambiando, transformando,
como las olas de la vida.

Ajenos a todo, tres niños juegan,
derrochando risas, desgranando días,
que parecen millones.
- Como la arena dorada,
de una infancia feliz.-

Después, mojados y hambrientos,
corren hacia sus padres y hermanos mayores,
compartiendo un tesoro inesperado,
una bolsa de “Papas Lolita”,
que saben a gloria y a besos.

Al poco, toca otro baño, ahora todos juntos.
Mientras los hermanos mayores nadan,
los pequeños compartimos con nuestra madre, un flotador azul,
pero no solo es éste quien nos mantiene a flote,
es el dulce abrazo, de la amorosa madre.
-Sintiendo el paraíso, en su abrazo de mar.-


Se hace tarde, hay que recoger,
se doblan esterillas, sillas,
y la sombrilla vuelve a su funda.

De su paso solo quedan recuerdos, de sol y de conchas,
y aquél hueco, el de la sombrilla, hecho con tanto esfuerzo,
ahora lo han cubierto los sueños.

Entre risas se carga el Simca, vuelta al apartamento,
de camino se recogen los pollos,
una ducha con caricaturas y ¡oh magia!
La mesa ya está puesta.

Alborozados comemos,
tal vez luego haya helado.
-Sencillos deseos colmados con tierna facilidad-

Hora de la siesta,
los más pequeños no queremos dormir,
nuestros hermanos mayores, somnolientos, entre cabezadas,
inventan juegos.

Merienda, partidas de cartas y de dominó,
baños en la piscina, torneos de tenis,
pescadito frito de cena,
y después, a disfrutar de la brisa del Paseo marítimo,
con un heladito ó leche merengada de “la Xixonenca”.

Así transcurrían quince días, los nueve juntos,
entre ñiñez, juventud y madurez,
y el amor de unos padres que lo dan todo,
por sus siete hijos, sacrificando sus años todavía jóvenes,
por nuestro bienestar.



Fueron días que hicieron de nosotros adultos sanos,
educados en el cariño y la armonía.
Nos regalasteis una infancia feliz y pura,
un ejemplo para nuestros propios hijos.

Gracias por todo, porque ahora que soy madre,
puedo valorar más profundamente,
todo lo que hicisteis por nosotros,
renunciando a vuestra individualidad personal ,
y a vuestros sueños, en favor de vuestros hijos.

Siento lo difícil que puede llegar a ser,
y la cantidad de deseos individuales,
que quedan insatisfechos.

Pero ha merecido la pena,
porque vuestro amor basado en el respeto,
ha germinado y ha dado sus frutos,
un almíbar que esparcirá su perfume,
en un mundo tan necesitado de valores.

¡ Mil gracias!


 DEDICADA A MIS QUERIDÍSIMOS PADRES



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