

De vuelta a la niñez,
un libro abierto en la última
página,
después de un desayuno
tardío.
Experimento con intensidad su
final,
que me lleva al recuerdo
feliz, nostálgico,
de otras vacaciones en la
playa.
Nosotros, todos juntos, bajo una sombrilla
anaranjada,
y sillitas plegables, siempre
ocupadas por ávidos lectores,
que nos vigilan amorosamente,
mientras jugamos en la orilla.
Castillos de arena,
volátiles, efímeros,
que el mar va cambiando,
transformando,
como las olas de la vida.
Ajenos a todo, tres niños
juegan,
derrochando risas,
desgranando días,
que parecen millones.
- Como la arena dorada,
de una infancia feliz.-
Después, mojados y
hambrientos,
corren hacia sus padres y
hermanos mayores,
compartiendo un tesoro
inesperado,
una bolsa de “Papas Lolita”,
que saben a gloria y a besos.
Al poco, toca otro baño,
ahora todos juntos.
Mientras los hermanos mayores
nadan,
los pequeños compartimos con nuestra
madre, un flotador azul,
pero no solo es éste quien nos
mantiene a flote,
es el dulce abrazo, de la
amorosa madre.
-Sintiendo el paraíso, en su
abrazo de mar.-
Se hace tarde, hay que
recoger,
se doblan esterillas, sillas,
y la sombrilla vuelve a su
funda.
De su paso solo quedan recuerdos,
de sol y de conchas,
y aquél hueco, el de la
sombrilla, hecho con tanto esfuerzo,
ahora lo han cubierto los
sueños.
Entre risas se carga el Simca,
vuelta al apartamento,
de camino se recogen los
pollos,
una ducha con caricaturas y
¡oh magia!
La mesa ya está puesta.
Alborozados comemos,
tal vez luego haya helado.
-Sencillos deseos colmados
con tierna facilidad-
Hora de la siesta,
los más pequeños no queremos
dormir,
nuestros hermanos mayores,
somnolientos, entre cabezadas,
inventan juegos.
Merienda, partidas de cartas
y de dominó,
baños en la piscina, torneos
de tenis,
pescadito frito de cena,
y después, a disfrutar de la
brisa del Paseo marítimo,
con un heladito ó leche
merengada de “la Xixonenca”.
Así transcurrían quince días,
los nueve juntos,
entre ñiñez, juventud y
madurez,
y el amor de unos padres que
lo dan todo,
por sus siete hijos,
sacrificando sus años todavía jóvenes,
por nuestro bienestar.
Fueron días que hicieron de
nosotros adultos sanos,
educados en el cariño y la
armonía.
Nos regalasteis una infancia
feliz y pura,
un ejemplo para nuestros
propios hijos.
Gracias por todo, porque
ahora que soy madre,
puedo valorar más
profundamente,
todo lo que hicisteis por
nosotros,
renunciando a vuestra
individualidad personal ,
y a vuestros sueños, en favor
de vuestros hijos.
Siento lo difícil que puede
llegar a ser,
y la cantidad de deseos
individuales,
que quedan insatisfechos.
Pero ha merecido la pena,
porque vuestro amor basado en
el respeto,
ha germinado y ha dado sus frutos,
un almíbar que esparcirá su
perfume,
en un mundo tan necesitado de
valores.
¡ Mil gracias!
DEDICADA A MIS QUERIDÍSIMOS PADRES

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