
Érase una vez un pequeño pueblecito llamado "Piñonate Ville" por sus montañas color caramelo y sus nubes de azúcar, allí todos los días son fiesta.
Es el lugar preferido de los niños porque siempre hace sol, y además se puede correr y nadar todos los días del año.
Había una gran piscina natural de agua dulce donde no cubría y te podías bañar sin peligro y jugar con barquitos. Todos los años había un concurso de barcos de juguete que resultaba muy concurrido, podían verse barquitos de todos los colores tamaños y formas, lo mejor era que no había que competir ya que todos los niños resultaban ganadores y había divertidos premios para todos los participantes, acompañados de una rica merienda de pan con chocolate.
Otro evento que se organizaba "La Pompa de Jabón Feliz" era la bomba. Todos los niños con sus padres subían a las laderas montañosas de "Piñonate Ville" y desde allí lanzaban sus pompas de jabón que a la luz del atardecer adquirían todos los colores del arcoiris.
El momento preferido de los más pequeños es cuando se acaba el jabón y todos ruedan colina abajo haciendo "el bere-bere" mientras el mundo gira rápidamente como si de un gran carrusel se tratase, amenizado por la música de la risa de los niños.
En otoño cuando la brisa susurra aventuras, cogen sus cometas multicolores hechas con pedacitos de cielo y estrellas, elevándolas entre las nubes acompañadas de sus más tiernos deseos de infancia que vuelan cada vez más y más alto y que al agitarse esparcen alegría y luz como polvo de hada, entonces todos ríen sin saber por qué, mientras les cosquillea la nariz.
Cuando por fin llega la época estival, acaban sus clases, se abre la temporada oficial de juegos, se improvisan cuentos y se respira el perfume de la libertad.
Durante el verano se crean los sueños de todos los niños del mundo, como tesoros que les acompañaran durante todo el año porque la magia de "Piñonate Ville" es ilimitada.
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