La ciudad aparece engalanada, llena de color
se respira alegría, unidad, calor.
El árbol de la vida luce azul
como un ángel.
Tus ojos son dos faros que me llaman
en mitad de la desierta plaza,
quiero ir, necesito sentir esa luz
que ilumine mi vida.
Me siento sola entre la gente que veo correr
a lo lejos cargada de regalos y brillantes
promesas de amor.
Pero clavada me quedo al abrigo de un solitario parque que oscuro permanece mientras espero
alguna bombillas que refleje un poco del color esquivo que dejó tu ausencia.
Mis manos ya no tienen tus dedos que las entrelacen, frías se han vuelto y no encuentran más camino que el aire que las enrrojece.
Vuelve a ser invierno, callado, quieto
y me ha encontrado a la intemperie,
sin tu abrazo.
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