EL ÁNGEL DE GOYA
humedades que pegan la ropa al cuerpo,
frentes perladas de sudor,
sequedad ambigüa que une la lengua al paladar.
Gargantas que ahogan un grito de rutina y necedad.
Corro inmersa en mis actividades,
esquivo gente,
olvido sueños.
-Promesas volátiles que evapora la fragancia
de la vulgaridad diaria y las marchita antes de florecer-
Aprieto el paso entre los pasillos interminables del metro
para llegar a ¿mi destino?
Mil pensamientos aguijonean mi mente
como insaciables abejas ávidas de intelecto.
-Acerico de alfileres que punzan mi materia gris-
Una luz se entrevé al final de la línea 2,
algo resplandece
-vuelve la esperanza-
Escucho una voz que aplasta todos mis fantasmas,
ahuyenta mi rutina,
e ilumina los caminos
transmutándome con sus armonías.
Prístina es su belleza, lleva directamente al cielo,
es un don que regala pedacitos de eternidad,
emociones que transportan a épocas mejores,
acompaña soledades, alisa las arrugas y las purifica con lágrimas,
obsequia con corazones y soles
a todos los afortunados que estaban perdidos
pero encontraron su estrella,
al amor de una voz que se transfigura en Divinidad.
-Gracias mi Ángel -
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