Tu efigie veo,
tu cuerpo deseo,
mi mente divaga,
la razón ata,
el corazón arrebata.
Los anhelos esperan.
el instinto da alas.
Los ojos abrasan,
las manos acarician,
el miedo paraliza,
el adiós se desliza.
De nuevo separados,
pensando lo ocurrido,
el corazón confundido,
nuestro espíritu evocado,
sentimientos cercados.
El amor atado y bien sujeto.
Se descorre el velo,
-sentimientos a flor de piel-
Los dedos candentes,
de nuevo la promesa incierta,
la despedida cierta.
Cada vez que te veo,
confundes mis sentidos.
me recuerda a Iván padre y a mi
ResponderEliminarQue bonito es el poder de la evocación, aunque a veces resulte un tanto agridulce.
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