Una raya en el agua
fue tu paso en mi vida,
una excepción a la regla,
la ilusión óptica,
de un gran amor.
Caminamos por un jardín de risas,
diluyendo los minutos
entre los vapores de un café-té,
donde el desconocimiento mutuo
daba alas a mi imaginación.
Nos perdimos en un mundo de ficciones,
saltando entre azoteas,
entrelazamos las mentes
al calor de un buen vino,
mientras hacíamos de la vida cotidiana un acertijo.
Muere el día en Casa Granada,
la hebra blanca de mis emociones se vuelve más fina,
tiñéndose poco a poco,
con la negra tinta de tu realidad.
Ya no somos solo dos.

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