Raquel estaba completamente sola en aquella ciudad de provincias, en una enorme casa alquilada, no podía entender como se había dejado convencer para dejar la capital y mudarse allí.
No siempre es por amor por lo
que se toman decisiones drásticas, hay muchos factores que pueden influir,
entre ellos, el miedo.
Lentamente se sentó encima de uno de los
bultos que traía, la mudanza había sido rápida, un tanto aséptica, en aquellas
cajas que contenían toda su vida estaba su corazón maltrecho, quería empezar a abrirlas, poner un poco de orden en su caos interno, pero no
sabia como empezar y además todavía no tenía electricidad.
La noche cayó bruscamente y empezó a temer quedarse sola, enmedio de la oscuridad de la noche.
Decidió salir y buscar un hostal donde sentirse
reconfortada con la tranquilizadora presencia de otra gente.
A la luz del día vería las
cosas de otra forma.
Cogió una calle al azar,
dobló la primera esquina que vio
y a cien metros vislumbró un
cartel “Hostal del tiempo perdido”, solo ya con ese nombre tan sugerente, no
dudó en ir a su recepción.
Se sorprendió al ver que no había nadie en
ella, ni en todo el hostal que permanecía extrañamente vacío, pero con todas
sus luces encendidas, por lo menos su luz tranquilizaba.
Era algo anormal la ausencia
de personal, por lo que decidió entrar en el salón principal.
Un fuego
crepitaba en la chimenea, alguien debía de haberlo encendido ¿pero quién?
Empezó a vocear preguntando
si había alguien, solo le contestó el silencio.
Instintivamente se giró al
notar un ruido a su espalda, pero solo era un leño a medio arder que se había desplomado,
igual que su vida, pensó Raquel, ya he quemado la mitad de ella y solo he
dejado cenizas a mi alrededor.
Se dejó caer en un sillón
cercano mientras las lágrimas le quemaban el rostro. Lloró hasta que se quedó
más tranquila, todos son imaginaciones mías, pensó.
Poco a poco entró en un
sueño plácido .
Soñó con una vida que no era
la suya y despertó feliz, ya no tenía miedo.
Al abrir los ojos nada era lo
que ella recordaba, se levantó desconcertada y contempló un rostro que no era
el suyo en un gran espejo oval que se encontraba en la habitación donde había
dormido, le resultó atractivo y ligeramente más joven.
Soy afortunada, pensó, al fin
me he librado de él y todo lo que me rodea es hermoso.
Los periódicos anunciaron el
descubrimiento de su cuerpo exánime en un hostal de una ciudad de provincias.
No presentaba signos de
violencia, aunque habría que practicarle la autopsia para determinar si había
sido muerte natural.
La presencia de unas marcas
en su nuca, dejaban un interrogante a resolver.


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