Recuerdo a mi abuela Florentina, con sus ojos verdes, iguales a los de mi madre, el pelo recogido en un moño, sentada en su sillón y la falda hasta los pies.
Nunca la vi de pie, debido a
una enfermedad estaba impedida, siempre sentada en su asiento rodeado de una
cortinilla.
Mis queridos hermanos
Cayetano, África y yo, nos sentábamos en unas sillitas a su alrededor, mientras
ella nos contaba cuentos, también nos tejía jerséis, con sus agujas de punto y
abriguitos para nuestros muñecos. Eran preciosos.
Mi madre me dijo que cuando
mi abuela murió, yo no tenía más de tres años.
Otro recuerdo muy bonito es el
de doña Mercedes y don Julián, un matrimonio vecino.
La casa muy cercana a la mía
hacía esquina, ubicada en Ciudad Jardín nuestro barrio, los jardines son más
grandes en las esquinas.
Doña Mercedes no tenía hijos
y le gustaban mucho los niños, así que nos reunía en su casa, a los pequeños vecinos, entreteniéndonos con juegos
y canciones.
Al final nos daba tapaderas
de cacharros de cocina, nos ponía en fila y salíamos al jardín cantando :
¡achichún,achichún de la flautinaaaa, achichún,achichún de la tamboraaaa,
monommo,monommo!
El pianillo , como se conoce
en Sevilla al organillo, es otro recuerdo muy bonito de cuando era pequeña.
Con el pianillo aprendí a
bailar sevillanas (todavía las bailo).
Las niñas (no recuerdo si
bailaban niños) cuando escuchábamos los compases de las sevillanas, gritábamos, ¡el pianillo! , ¡el pianillo ! y salíamos a
bailar.
En cada parada que hacía el
pianillo, en las calles sin coches, se unían más niñas.
Al final formábamos largas
filas de niñas que alegres, no nos cansábamos de bailar.
Las que sí se cansarían serían
las madres que acompañaban a las más pequeñas, pero aunque no lo recuerdo,
seguro que más de una se animaba también a bailar, como hoy día lo haría yo también,
porque cada vez que tocan sevillanas, se me van los pies solitos.
Precioso relato escrito por mi madre Manuela Martínez.
¡¡¡¡Gracias!!!!

Me ha emocionado tita, sobre todo cuando al saber que eras tan pequeña y recordar los ojos verdes de mi bisabuela, que aunque no la conocimos si recordamos muy bien los de nuestra querida abuela, Un beso, te quiero tita
ResponderEliminarHa sido cosa de Cristina,es un relato que hice para el taller de literatura,gracias,yo tambien te quiero.
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