INFANCIA EN LA ESCUELA
Suena el timbre, se
anuncia la salida,
los alumnos,
alborozados, recogen sus libros,
ordenan los pupitres,
colocan la mesa, suben la silla,
mientras guardan su
material en la cartera,
cuidando de que no se
olvide la goma,
en la estrecha
cajonera.
Corriendo, se dirigen
hacia la puerta del aula,
el profesor les
reprende su tierna fogosidad,
entonces hacen una
fila, desordenada y juguetona,
¿quién será el
primero en salir?
Las risas se suceden,
cantarinas,
llenando la clase de
una melodía alegre.
Dulces notas de
infancia pura, cristalina,
de inocencia aún no
maleada, por el curso de la vida.
Trotando, comienzan el
descenso por la escalera,
ese puente ficticio
que les separa de la libertad.
Unos bajan de la
mano,
otros intercambian cartas,
pero todos reflejan
la felicidad,
en sus rostros tersos
y sonrosados.
Al fin llegan a la
última puerta,
la salida resulta
rápida, atropellada,
las madres esperamos
fuera,
con la merienda en
una mano,
y con la otra, el
corazón.
Dulce infancia, ahora
vives tú la tuya,
antes yo viví la mía,
y hoy me reflejo en
ti, querido hijo,
esperanza de un mundo
mejor.
-Tesoro divino, que
hace más comprensible,
mi efímero devenir-


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