DESDE LA DISTANCIA
Querido mío,
Desde la
distancia te escribo, ya se que han pasado casi diez años, desde la última vez
que nos vimos, pero no he dejado de pensar en ti, ni
un solo día, como se que tu tampoco en mí. “El día que deje de pensar en ti,
habré muerto”, me contestaste una vez en un emotivo mensaje, siempre estaremos
juntos.
Siempre, aunque nos separen miles de kilómetros, no se puede separar el
alma del cuerpo y aunque la distancia sea enorme, nuestras almas vuelan juntas
y se comunican.
Vivimos en un
mismo tiempo, el cielo que nos alberga es igual para ambos, como también el sol
y la luna.
En la sabiduría de la creación estamos reunidos.
Todavía siento tu
tierna mirada sobre mí, esos ojos castaños, enormes, de largas y rizadas
pestañas, húmedos de la emoción, que el amor verdadero otorga.
También puedo
notar esas manos suaves, acariciantes, abiertas, que ofrecen el mundo entero a
cambio de una sonrisa.
Recuerdo nuestros
paseos por la Cornish, vestidos con nuestras mejores galas, abrazados y felices
contemplando la profundidad de la noche estrellada y el brillo del Nilo, a
nuestra izquierda, como un espejo.
Quedábamos en la cafetería “Anubis”, nos sentábamos en una mesa cercana al Nilo,
allí podíamos contemplarlo en todo su esplendor, mientras degustábamos un
karkadé refrescante.
¡Cuántas promesas
de amor derramadas al viento! ¡Cuánto
deseo implícito en la noche perfumada!
¡Cuánto dicho y también cuánto no dicho,
endulzado por la magia de la noche egipcia!
Vivimos tan
intensamente lo que creímos sería una eternidad, que la dicha se agotó como un
soplo.
Fuimos como fuegos
artificiales, subimos muy alto, transformando nuestra pasión en energía y color,
para luego bajar de golpe, dejando un halo de penumbra y desilusión.
Pero la estela de
esos veranos de ilusión y juventud, quedará prendida para siempre, como musgo fresco, en mi corazón.

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