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jueves, 24 de marzo de 2022

 COMO CARAMELO LÍQUIDO




Sara miró a través de la puerta acristalada de la confitería,
su color y brillo se reflejaban en sus húmedas pupilas verdes,
pedacitos de cielo envueltos en dorado papel celofán que la transportaban a una infancia feliz donde la vida era fácil y predecible.

Por un momento olvidó la tarde gris lluviosa y volvió a ser la niña risueña que se colgaba de la mano de su padre mientras él se la acariciaba y la hacía sentirse fuerte, protegida como si él fuese eterno y la pudiese acompañar durante toda su vida.

Una gota de lluvia la despertó de su ensueño y tomó conciencia de la fría soledad que la embargaba, de repente todo se ensombreció y sintió la crudeza del invierno.

En un intento por entrar en calor decidió entrar a la pastelería, el olor a café recién hecho y el aroma de los dulces la reconfortaron.
Se acercó al mostrador y pidió un té negro con canela y un esponjoso  y dorado pestiño que rezumaba miel.
Se sentó en una mesa cercana al gran ventanal donde la calle Goya lucía espléndida engalanada con las luces de Navidad.

Sorbió su bebida y el líquido caliente y azucarado le devolvió el ser,
y volvió a su edad y al momento presente de crisis tras la ruptura con el amor de su vida por motivos ajenos a ambos, que se amaban con locura y pasión con un sentimiento tan intenso que se desbordó como la leche cuando hierve y se derrama quemando todo lo que encuentra a su paso, asimismo el amor rebasó los límites de la cordura y tuvieron que separarse dejando atrás un gran vacío y un enorme anhelo.

Mordió su pestiño recién hecho y el azúcar glacé se disolvió en su boca arrancándole un  gemido de éxtasis.

La vida es una dicotomía entre dolor y placer, vive cada momento como si fuese el último. 

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