Caminando una tarde de otoño por el parque, alcé mis ojos y contemplé los árboles
cuyas ramas iba despojando el viento de sus doradas hojas,
entonces comprendí que la vida no se detiene,
hay que saborear la fruta del árbol mientras esté madura, disfrutar de su dulce almíbar
ya que desconocemos cuántas hojas quedan en el Árbol de nuestra Vida
y cuáles volaron ya al Cielo Infinito.
Tómame de la mano y caminemos juntos por esos bosques umbríos repletos de color,
quiero ser esa brillante luz que guíe tus pasos y te haga conocer la plenitud,
ese otoño que te lleve al verano de la eterna juventud, el Amor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario