Siempre supe que tú estarías allí,
esperándome en algún lugar entre la tierra y el cielo,
compartiendo un mismo espacio físico,
cercanos en lo espiritual.
Percibí tu presencia,
etérea como un perfume
impregnando el aire,
acercándote cada día más a mí.
Sentí como la vida nos iba uniendo,
vibrando en sintonía celeste
armónico en tu esencia de bondad,
compusiste una melodía en clave de amor
que me llamó hasta encontrarme,
desdibujando fronteras, diluyendo distancias,
atrayendo tu deseo hasta hacerlo mío,
moldeando con tu anhelo un corazón que ya late al unísono.
El espíritu es más fuerte que la carne
eterno siempre permanece,
su luz guía y reúne en un mismo ser.
Tú, que nutres mis sueños y los vistes de realidad,
emanas tus caricias como agua viva
y haces universal el amor.
Ojos que ven a través de océanos
porque encierran el universo entero.
Caminamos bajo el mismo cielo,
tú eres la estrella que más brilla,
cuerpo y alma fundidos en un abrazo,
bendita energía pura.
-Nacimiento de un Sol-.
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