Zona sur de Madrid
diversa y bulliciosa, llena de calor,
pañuelos de colores que ondean al viento
como banderas en libertad,
mujeres procedentes de Arabia
esperan a sus hijos a las puertas del colegio,
en una mano la merienda y en la otra el corazón.
Olor a especias,
penetrantes aromas de culturas milenarias
que salen de las ventanas
invitando a conocer nuevos sabores,
y experiencias sensoriales.
-Abanico de culturas que enriquecen por su variedad-
Junto al metro se venden fresas y aguacates,
mercancías que generosas se exponen
a la luz del sol,
mientras voces cantarinas se alzan
y las sonrisas se contagian.
Aquí todo puede ser diferente, cambiar de concepto,
una ristra de ajos pende del techo
en una tienda de ropa latinoamericana,
como abrazo, protección y acogida.
Los parques se llenan de gente ociosa en hora lectiva,
toman el sol, alimentan palomas,
reparten su suerte sobre despistados viandantes
que buscan su camino.
Tiendas con productos tradicionales,
saldos y ofertas exclusivas para salarios humildes,
-derroche de vida en estado puro-
Somos diferentes
somos iguales.
Porque la sangre tiene el mismo color.
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