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domingo, 30 de diciembre de 2018

EL DESEO ES UNA ESTRELLA FUGAZ




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Cae la tarde lenta, perezosa, en la falda de la montaña, los colores se reflejan en un río que corre bravo entre  las rocas, los pájaros preparan su lecho y se escuchan alegres sus trinos, las abejas vuelven fecundas, a su miel.
Una suave brisa mece mis cabellos mientras recreo tus palabras.

Sentados a la mesa en noble silencio comemos en grupo, la mañana ha sido intensa de yoga y meditación, el paladar se vuelve más sensorial mientras degusta sabores vegetarianos de penetrantes aromas. Ensalivo bien cada bocado de forma voluptuosa mientras sueño con otros placeres más mundanos.
De repente mi compañero de grupo se levanta, va a coger pan, me lo ofrece y yo glotona tomo dos rebanadas, ávida de un hambre que no se sacia con la boca.
Cuando llega la hora de irnos a descansar, la profesora nos aconseja seguir en retiro y silencio, nada puede distraer nuestra mente.

Te acercas a mi mesa con las manos aún llenas de miguitas de pan, susurrándome:

- Como no podemos hacer nada, si quieres nos besamos.

No puedo dar crédito a lo que acabo de escuchar, seguro que lo he entendido mal y  contesto perpleja:

-¿¿Eeeh??

- “Que como no podemos hacer nada, si quieres nos besamos”.

Esta vez acompañas tus palabras con una pícara sonrisa y me quedo con la duda, pero como no procede volver a preguntar lo mismo, me sonrojo y se aviva en mi interior una llama.

Salgo de la casa, cruzo la cancela, enfilo el sendero y avanzo entre amapolas, margaritas y lavandas, el olor es afrodisíaco.
Llego a la cima de una colina  me siento en una roca, contemplo el atardecer, el paisaje me embriaga,  invita a la ensoñación. Cierro los ojos y disfruto del latido de la naturaleza.

De pronto una mano acaricia mi cuello, siento un suave beso en mi nuca, tan leve que parece el aleteo de una mariposa.
Sin abrir los ojos noto como esos besos recorren mi cuello, bajan por mis hombros, para ascender por mis orejas. Un suspiro escapa de mis labios de puro gozo.
Sin darme la vuelta, las caricias avanzan tímidas primero, para luego aventurarse después por caminos más osados y de peligrosas curvas.
La respiración y el pulso se van acelerando y mi propio deseo contenido tanto tiempo, me paraliza, no quiero mirar atrás para no romper el hechizo.

Los besos se abren paso por mis mejillas sonrosadas y alternan suavidad con rugosidad, fruto de una barba de varios días, creando un contraste de lo más excitante.
Mi camiseta comienza a elevarse sobre mi cabeza como en un juego de ilusionismo, noto mi desnudez y el aire que pasa a través de todos mis orificios y por arte de magia me encuentro tumbada boca abajo sobre un césped mullido y multicolor.

Empiezo a transpirar de puro deseo, mi piel se va refrescando por zonas mientras mi desconocido, al que aún no he visto el rostro, quizás sea un genio del bosque, me sopla y me enloquece con las sensaciones frío- calor que me produce.

Lo que parece ser una pluma de ave, traza líneas en mi espalda y dibuja un corazón, que provoca latidos en otro, de tamaño más reducido, pero que palpita más desbocado.

Mordisquitos cariñosos, lametones insaciables, exploran mis lugares más secretos, humedades que se confunden con el rocío de las flores.

El tambor de mis anhelos repica ya, ensordecedor.

Me giro e intento darme la vuelta para ver " al príncipe de mis deseos", pero su mano me lo impide y su risa, a la par de sus palabras:  “cuando mi arroyo confluya con tu mar, podrás verme”

 Me provoca el efecto literal de la mantequilla fundida y todo mi cuerpo se derrite bajo el suyo.
Me vuelvo completamente líquida y me fusiono entre la lava de su volcán que irrumpe en mí, de forma arrolladora.
La temperatura alcanza su climax , los sentidos se vuelven de un rojo intenso, empiezan a saltar chispas doradas y la fuerza del orgasmo me hace olvidar hasta mi nombre.
Languidezco agradecida y me quedo dormida.

El canto de las chicharras me despierta, pero tú no estás ya a mi lado.

La noche ha cubierto el cielo completamente con su manto.
Enmedio de la oscuridad reinante una estrella fugaz de intensa luz parpadea, quizás me regaló un deseo.

A veces entre la imaginación y la realidad solo dista una estrella, la que más brilla;

-Tu corazón-





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