Va cayendo la noche, lentamente,
crepúsculo que tiñe de oro el mundo,
reflejo que diviniza lo humano,
y nos acerca a lo Eterno.
Entre las hojas de los árboles
los pájaros preparan su lecho,
despiden el día con sus alegres trinos
y alegran el corazón perdido.
Los últimos rayos de luz
se reflejan en mis húmedas pupilas
e iluminan una vida en penumbra.
Extiendo mi mano,
pero solo siento el vacío.
Soledad, a mi lado no hay nadie,
el aire pasa a través de mi cuerpo,
translúcido se desdibuja día a día,
quizás mañana solo quedará de él,
una silueta.
Huecos, el viento vibra entre mis cuerdas,
leve sinfonía desafinada,
como laúd olvidado cubierto de polvo,
espero que tu boca me convierta en melodía.
Otro día más,
una noche menos,
sumatorio absurdo
de resultado imperfecto.
Silencio,
ya es de noche,
y sueño...

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