I
Vuelta al colegio
me confundo entre mochilas y
libros,
doblo la esquina, recupero la
frescura,
el rubor del viento en mis
tersas mejillas.
Con el cabello alborotado y
desechas las trenzas,
corro tras la pelota
que rueda entre uniformes
olvidados.
Mi cuerpo vuela,
recorro el inmenso patio
con alas en los pies, juego,
salto a la comba y toco casi
el cielo
con mis manos abiertas.
Es una tarde que parece
eterna,
la boca de chocolate
y con la falda abierta,
canto los doubles
ágil y risueña.
mientras silba la cuerda.
De la mano de mi madre vuelvo
a casa,
hago los deberes con mis
hermanos,
que bien huelen los libros y
la goma de nata,
me adormezco con el susurro
de las páginas que pasan,
como una vida que dulcemente sigue
su curso.
Olor a sopa y huevos fritos,
suenan platos en la cocina,
se abre la gran mesa del
salón,
vuelve papá del trabajo y nos
da un gran beso,
entre risas comemos juntos,
los nueve,
devoramos ávidos la cena,
hoy además hay yogures de la
yogurtera.
Después combatimos por el
primer puesto en el baño,
quien se lava primero los
dientes,
sujetando al más incauto que
no puede enjuagarse,
mientras los demás reímos.
En una hoja nos apuntamos
para el día siguiente,
cada uno tendrá su cuarto de
hora asignado en el baño,
luego colocamos el horario en
el espejo de la entrada,
para guiar a mamá muy de
mañana.
Nos ponemos el pijama,
hoy con suerte no habrá nudos,
otra broma más entre
hermanos,
las chicas a su cuarto
y los chicos al suyo,
siempre quise ser un chico,
para ir con ellos al cuarto
de las risas.
Nos dormimos alegres y
confiados,
el mañana es un concepto
abstracto,
la vida es una sucesión de
días felices, ilimitados,
llenos de amor familiar.
II
Ha pasado el tiempo,
se han acortado los días,
y las tardes de sol.
Algunas veces añoro
tanto esa vida,
que pienso que la soñé.
Cuando voy de vuelta a mi
casa vacía
de la mano de mi hijo,
paso por otra, llena, donde
se oyen risas,
y huelo el aroma de una cena
elaborada,
recreo los días felices de mi
infancia
y no puedo evitar que una
lágrima solitaria
ruede por mi mejilla.
Luego sonrío y pienso que aún
tengo a mi madre,
y la casa de la infancia que
guarda mil y un recuerdos,
donde todavía nos reunimos y
recordamos a mi padre con cariño.
Todo cambia, se transforma,
pero siempre quedará la
esencia ,
la experiencia, la educación recibida,
el amor en nuestros genes,
como espíritu eterno que nos
acompaña siempre,
e ilumina nuestros momentos
de tinieblas.
GRACIAS QUERIDA FAMILIA

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