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viernes, 12 de diciembre de 2014

REFLEXIONES EN UN PATIO DE COLEGIO







I


Vuelta al colegio
me confundo entre mochilas y libros,
doblo la esquina, recupero la frescura,
el rubor del viento en mis tersas mejillas.
Con el cabello alborotado y desechas las trenzas,
corro tras la pelota
que rueda entre uniformes olvidados.

Mi cuerpo vuela,
recorro el inmenso patio
con alas en los pies, juego,
salto a la comba y toco casi el cielo
con mis manos abiertas.

Es una tarde que parece eterna,
la boca de chocolate
y con la falda abierta,
canto los doubles
ágil y risueña.
mientras silba la cuerda.

De la mano de mi madre vuelvo a casa,
hago los deberes con mis hermanos,
que bien huelen los libros y la goma de nata,
me adormezco con el susurro de las páginas que pasan,
como una vida que dulcemente sigue su curso.

Olor a sopa y huevos fritos,
suenan platos en la cocina,
se abre la gran mesa del salón,
vuelve papá del trabajo y nos da un gran beso,
entre risas comemos juntos, los nueve,
devoramos ávidos la cena,
hoy además hay yogures de la yogurtera.


Después combatimos por el primer puesto en el baño,
quien se lava primero los dientes,
sujetando al más incauto que no puede enjuagarse,
mientras los demás reímos.

En una hoja nos apuntamos para el día siguiente,
cada uno tendrá su cuarto de hora asignado en el baño,
luego colocamos el horario en el espejo de la entrada,
para guiar a mamá muy de mañana.

Nos ponemos el pijama,
hoy con suerte no habrá nudos,
otra broma más entre hermanos,
las chicas a su cuarto
y los chicos al suyo,
siempre quise ser un chico,
para ir con ellos al cuarto de las risas.

Nos dormimos alegres y confiados,
el mañana es un concepto abstracto,
la vida es una sucesión de días felices, ilimitados,
llenos de amor familiar.


II



Ha pasado el tiempo,
se han acortado los días,
y las tardes de sol.

Algunas veces añoro tanto  esa vida,
que pienso que la soñé.

Cuando voy de vuelta a mi casa vacía
de la mano de mi hijo,
paso por otra, llena, donde se oyen risas,
y huelo el aroma de una cena elaborada,
recreo los días felices de mi infancia
y no puedo evitar que una lágrima solitaria
ruede por mi mejilla.


Luego sonrío y pienso que aún tengo a mi madre,
y la casa de la infancia que guarda mil y un recuerdos,
donde todavía nos reunimos y recordamos a mi padre con cariño.


Todo cambia, se transforma,
pero siempre quedará la esencia ,
la experiencia, la educación recibida,
el amor en nuestros genes,
como espíritu eterno que nos acompaña siempre,
e ilumina nuestros momentos de tinieblas.


GRACIAS QUERIDA FAMILIA








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