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viernes, 6 de junio de 2014

EL ORIGEN DE LAS ESTRELLAS









 “ El león es una fiera especial y un estadio de la psique humana ”


León vivía en una gran ciudad, en el ático de una torre funcional de cien viviendas.
Su vida era común, usuario de comida rápida y vida acelerada, destacaba no obstante, en el trato amable con sus vecinos.
Alto, fornido, de mirada limpia, sincera, tenía un precioso tatuaje en su brazo derecho de un león rampante, en posición de ataque, que siempre velaba por su seguridad.
Hombre de muchos amigos, su encanto atraía también muchas envidias.

Cuando le hicieron presidente de una comunidad numerosa, fueron precisamente  los conflictivos vecinos del tercero, al no conseguir su objetivo de poner un bar en el local del bloque, los que se reunieron después de la junta  decidiendo vengarse de León, ya que su voto había sido definitivo, para la negativa de su propuesta.

Fueron a una santería mejicana, famosa por los objetos extraños de procedencia dudosa que vendía, eligiendo un cactus aparentemente de barro cocido, con vetas verdes que parecía extrañamente vivo, con un equívoco rostro giratorio, solo perceptible tras un rato de observación. El cártel que prohibía mirarlo más de dos segundos seguidos, les sorprendió, también la macabra leyenda que portaba, ya que estaba asociada a múltiples devoluciones, por extrañas circunstancias  de diversos propietarios.
Este raro objeto tenía una larga historia que hasta el mismo comerciante desconocía.
Remontándose su pasado hasta el mismo origen de la vida vegetal , quizás también humana, albergando un ambiguo secreto, relacionado con la creación misma.
El anciano vendedor guanche, se lo regaló porque quería deshacerse de él, ya que le había dado muy mala suerte. Se lo envolvió advirtiéndoles nuevamente, del peligro de mirarlo   prolongadamente.

Después se fueron de vacaciones, cuando regresaron, visitaron a León,diciéndole que habían estado en Méjico y le habían traído un regalo, era una bonita sorpresa que debía desenvolver en soledad, para prolongar la sensación de misterio.
León sonrió agradecido y los besó, aceptando complacido el presente.

Cuando se quedó solo, ilusionado, quitó el papel celofán rojo y el lazo, sorprendido del objeto exótico, lo dejó encima del mueble  del salón, cerca del sofá, tumbándose a contemplarlo extasiado.
El objeto era hipnótico, una vez que su mirada se posó en él, ya no podía apartarla.
Así estaba León cuando notó que el cactus comenzaba a girar, debía ser un efecto visual provocado por la luz del atardecer, pensaba.
Pero no, su energía vital estaba siendo absorbida, alimentando al cactus, así era como pervivía a través de los milenios.
Ajeno a ello se sentía cada vez más débil, hasta que el timbre del teléfono, lo arrancó de entre las púas del cactus.
Fue a coger el teléfono olvidándose de lo ocurrido, otro efecto del cactus era que producía amnesia temporal.

  Escuchó la voz de Paula su compañera de trabajo, por la que sentía una fuerte atracción.
Le contó que le habían traído un cactus de Méjico, que se movía y además tenía rostro, ella se reía, pero también se mostró intrigada , pidiéndole verlo.
 Esa misma noche quedaron.

A las nueve en punto apareció sonriente, lo abrazó fuerte, besándole suavemente, él la rodeó con sus poderosos brazos, riendo entraron a la casa, mientras el cactus los miraba desafiante.

Paula descubrió el cactus y su mirada quedó atrapada entre las púas de su rostro de barro, que se iba tiñendo poco a poco, hasta tomar un color púrpura, mientras  iba palideciendo, pero sonreía, ya que había descubierto el origen de su existencia.

Miles, millones de pequeñas almas antepasadas se lo mostraban y ella iba sucumbiendo a su hechizo. Quería formar parte de su conjunto, mientras cada vez su rostro quedaba más céreo.

León horrorizado intentó separar su mirada del cactus, pero ella era incapaz de hacerlo. Entonces él recordó  un sueño que se repetía desde que le trajeron el cactus y actuó.

 Se quitó la camiseta descubriéndose el tatuaje y lo interpuso entre la mirada de ella, que casi ya no respiraba y el cactus,
 se formó una luz tornasolada de fuerte intensidad , su haz se dirigió directamente al rostro de barro haciendo que estallase en mil pedazos, liberando minúsculas puntos de azulada luz que fueron uniéndose entre sí alzándose hacia el cielo, dando origen a las estrellas.

Paula volvió en sí, no pudiendo apartar ahora su mirada de León, que la contemplaba enmudecido, las almas del cactus le habían transmitido un mensaje.

“Cuando los sentimientos afloran hay que dejar que el silencio hable y el león ruja”

Y dicho esto, Paula cerró los ojos, entreabrió sus labios y esperó…

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