“ El león es una fiera especial y un estadio
de la psique humana ”
León vivía en una gran ciudad, en el
ático de una torre funcional de cien viviendas.
Su vida era común, usuario de comida
rápida y vida acelerada, destacaba no obstante, en el trato amable con sus
vecinos.
Alto, fornido, de mirada limpia,
sincera, tenía un precioso tatuaje en su brazo derecho de un león rampante, en
posición de ataque, que siempre velaba por su seguridad.
Hombre de muchos amigos, su encanto
atraía también muchas envidias.
Cuando le hicieron presidente de una
comunidad numerosa, fueron precisamente los
conflictivos vecinos del tercero, al no conseguir su objetivo de poner un bar
en el local del bloque, los que se reunieron después de la junta decidiendo vengarse de León, ya que su voto había sido definitivo, para la negativa de su
propuesta.
Fueron a una santería
mejicana, famosa por los objetos extraños de procedencia dudosa que vendía,
eligiendo un cactus aparentemente de barro cocido, con vetas verdes que parecía
extrañamente vivo, con un equívoco rostro giratorio, solo perceptible tras un
rato de observación. El cártel que prohibía mirarlo más de dos segundos
seguidos, les sorprendió, también la macabra leyenda que portaba, ya que
estaba asociada a múltiples devoluciones, por extrañas circunstancias de diversos
propietarios.
Este raro objeto tenía una larga
historia que hasta el mismo comerciante desconocía.
Remontándose su pasado hasta el mismo
origen de la vida vegetal , quizás también humana, albergando un ambiguo
secreto, relacionado con la creación misma.
El anciano vendedor guanche, se lo
regaló porque quería deshacerse de él, ya que le había dado muy mala suerte. Se lo envolvió advirtiéndoles nuevamente, del peligro de mirarlo prolongadamente.
Después se fueron de vacaciones, cuando regresaron, visitaron a León,diciéndole que habían estado en Méjico y le
habían traído un regalo, era una bonita sorpresa que debía desenvolver en
soledad, para prolongar la sensación de misterio.
León sonrió agradecido y los besó,
aceptando complacido el presente.
Cuando se quedó solo, ilusionado, quitó el papel celofán
rojo y el lazo, sorprendido del objeto exótico, lo dejó encima del mueble del salón, cerca del sofá,
tumbándose a contemplarlo extasiado.
El objeto era hipnótico, una vez que
su mirada se posó en él, ya no podía apartarla.
Así estaba León cuando notó que el
cactus comenzaba a girar, debía ser un efecto visual provocado por la luz del
atardecer, pensaba.
Pero no, su energía vital estaba
siendo absorbida, alimentando al cactus, así era como pervivía a través de los
milenios.
Ajeno a ello se sentía cada vez más
débil, hasta que el timbre del teléfono, lo arrancó de entre las púas del cactus.
Fue a coger el teléfono olvidándose
de lo ocurrido, otro efecto del cactus era que producía amnesia temporal.
Escuchó la voz de Paula su compañera de trabajo, por la que sentía una fuerte atracción.
Le contó que le habían traído un
cactus de Méjico, que se movía y además tenía rostro, ella se reía, pero
también se mostró intrigada , pidiéndole verlo.
Esa misma noche quedaron.
A las nueve en punto apareció
sonriente, lo abrazó fuerte, besándole suavemente, él la rodeó con sus
poderosos brazos, riendo entraron a la casa, mientras el cactus los miraba
desafiante.
Paula descubrió el cactus y su mirada
quedó atrapada entre las púas de su rostro de barro, que se iba tiñendo poco a
poco, hasta tomar un color púrpura, mientras iba palideciendo, pero sonreía,
ya que había descubierto el origen de su existencia.
Miles, millones de pequeñas almas
antepasadas se lo mostraban y ella iba sucumbiendo a su hechizo. Quería formar
parte de su conjunto, mientras cada vez su rostro quedaba más céreo.
León horrorizado intentó separar su
mirada del cactus, pero ella era incapaz de hacerlo. Entonces él recordó un sueño que se repetía desde que le trajeron
el cactus y actuó.
Se quitó la camiseta descubriéndose el tatuaje y lo
interpuso entre la mirada de ella, que casi ya no respiraba y el cactus,
se formó una luz tornasolada de fuerte intensidad , su haz se dirigió directamente al rostro de barro haciendo que estallase en mil pedazos, liberando minúsculas puntos de azulada luz que fueron uniéndose entre sí alzándose hacia el cielo, dando origen a las estrellas.
se formó una luz tornasolada de fuerte intensidad , su haz se dirigió directamente al rostro de barro haciendo que estallase en mil pedazos, liberando minúsculas puntos de azulada luz que fueron uniéndose entre sí alzándose hacia el cielo, dando origen a las estrellas.
Paula volvió en sí, no pudiendo
apartar ahora su mirada de León, que la contemplaba enmudecido, las almas del
cactus le habían transmitido un mensaje.
“Cuando los sentimientos afloran hay
que dejar que el silencio hable y el león ruja”
Y dicho esto, Paula cerró los ojos,
entreabrió sus labios y esperó…

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