Aún te siento
en esas noches de estío
mágicas y perfumadas.
Rumor de río, rumor de vida,
que todavía fluye en mi
interior
y se entremezcla con ese otro
tan tuyo.
Tú derramado en mí,
entregado por entero,
acortando el espacio entre la
tierra y el cielo.
El amor, luz de nuestras
vidas,
más cegador e intenso
que el oro del desierto.
Ahí permanecemos, congelados,
en aquella casa, entre
sábanas arrugadas,
entrelazados, fundidos en
uno, desafiando al tiempo y al espacio.
Llegaste a mí por casualidad,
como un regalo,
y me cubriste de miel dorada,
suave y delicioso, como un
buen perfume.
Fragante como jugosa granada,
apuré cada grano con fruición
llenándome la boca, con tu
jugo azucarado.
Y ahí seguimos entre mundos
paralelos,
suspendidos en la esfera de
lo atemporal,
con nuestro amor hecho ámbar,
engarzado en la Eternidad.

Esta poesía fue elegida en un concurso internacional, publicada en América y en otros países, el libro que recoge las poesías elegidas, se llama "Una Isla en la Isla"
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